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FARO #3
El secreto no es el secreto
El mundo de la magia está fascinado por los secretos: nuevos métodos, nuevas técnicas, movimientos exclusivos. Los foros están llenos de ellos, los comerciantes los venden y en los clubes se discute durante horas sobre ellos. Multitudes de entusiastas de la magia acuden regularmente a congresos para recibir la tan ansiada dosis de secretos.
Lo que a menudo olvidamos es cuánto o cuán poco le interesa esto al público.
Un espectador puede preguntar educadamente: «¿Cómo lo hiciste?», pero en realidad, la mayoría de las veces no quiere saberlo. Quizá pregunte porque no se le ocurre otra cosa o porque no sabe qué más decir.
Lo que realmente desea es algo distinto: quiere recuperar la sensación de asombro. Esa sensación de que lo imposible ocurrió, de que, por un momento, su mundo dejó de funcionar según las reglas habituales.
El secreto es la herramienta, no el producto.
Imagina que vas a un restaurante y le preguntas al cocinero: «¿A qué temperatura has asado el filete?». Pero en realidad eso no te interesa. Solo deseas que esté bueno. La temperatura es la herramienta del cocinero (el secreto del truco), para ti lo importante es el sabor del filete (el efecto desde la perspectiva del espectador).
En nuestro mundillo a veces lo confundimos. Tratamos los métodos como tesoros, acumulamos secretos como si fueran el objetivo. Pero el método es intercambiable. Por lo general, hay varias formas de lograr un efecto concreto, y el público no nota la diferencia. Solo nota si se ha quedado asombrado o no.
¿Y si, en lugar de buscar mejores secretos, nos esforzáramos más en crear mejores experiencias para los espectadores?
Hasta la próxima,
Alexander
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